Clarice. Otro tema de Caetano, uno que me pega más fuerte: Caetano Veloso – Alguém Cantando – Remixed Original Album
¿Cómo se conoce a la gente? En serio, yo quiero saber dónde reside el misterio. Cada vez que dejo atrás un cuarto, una pieza encantada por el calor multitudinario, un aula con aroma a tigre tibetano, me asalta la interrogante. Pretendo desactivar el mecanismo explosivo latente con palabras que no se forman en mi boca sino que se construyen solas en los astilleros de mis cauces internos. No llegan hacia donde deberían navegar para clavar su ancla, se hunden, son herrumbrosos buques que vuelven a encallar en el dique de mi vida.
¿Quiénes son ellos? Ya no puedo retroceder y comprobarlo. Han dejado su última piel, se han extinguido, aunque me sofoca la esperanza de que en otra oportunidad, eso es seguro, la realidad se hará torbellino y vertiginosamente veré a sus fantasmas transitar por los mismos lugares: los pasillos, los trenes, los andenes, los aviones y los aeropuertos.
Giran en la confusión veloz, son amables y yo les respondo con misantropía. “Inevitable significa que no se puede parar”. Quemo sus máscaras desde la lejanía. Ellos sí me conocen. Parecen controlar cada gesto mío con ansias tremendas de convertirlos en pantomimas redondeadas por la claridad del tiempo. Y se aburren, pues desean con desvelo marcharse a otro sitio para entregarse a la sonoridad inviolable de sus entrañas.
Yo, de todas maneras, tras un cortísimo período agazapado, escapo en dirección a esos espectros. Con soltura, me dan la espalda y los golpeo con lo que encuentre a mano. A veces reaccionan a través de un sarcasmo que me parte al medio; entonces, es a mí a quien le llegan los ecos tántricos de la soledad.
Se esfumaron las sombras. Ahora, en repetidos marcos espacio-temporales, surgen, animadas, nuevas muñecas con las que jugar a ser mayor. Guardan una similitud acusada con sus parejas muertas. Eso y el hecho de que mi torpeza permanezca incambiada se conjugan para frustrar la serenidad en la que estaba inmerso. Después, ya realizadas las presentaciones de rigor, una a una, recogen su emoción húmeda y se abren tajos en la curvatura del pecho; me permiten ver de fuera hacia dentro.
Sin embargo, la admiración por la materia jamás caduca, no como el centelleo variopinto de las cavernas etéreas humanas. Con un par de piernas desprovistas de mantel me basta para crucificarme en la adulación más bastarda, aquella que no posee recompensa pero exige el mundo entero, lo insospechado detrás de rayas de un rojo iracundo. Se trata del caprichoso empobrecimiento de la finitud de mi existencia, tan variada y rica en su onanismo como descompuesta e informe en su expansión transanimal.
El hombre, mejor dicho, la mujer, cesa en su nebulosidad cuando se apropia de un nombre y se ofrece para añadir a él ideas leídas en Kundera y en Hans Castorp al pie de La Montaña Mágica ( Tomás contemplando una pared grisácea a través de la ventana de su piso, los ojos achinados de Madame Chauchat, etc.). A partir de ese quiebre, su deceso se transforma en un asunto solemne y, como resultado, su conquista en aras de la reproducción ciega al patrón de la ignorancia. Porque, a pesar de los escarceos violentos con la vaguedad incorpórea que antes supo caminar la Tierra, continúa sin desprenderse de su fatalismo erótico.
Un día dirá la verdad con pedruscos. Será una gran ocasión. Matará a las personas hechas a su imagen y no tanto a su semejanza.

2 Comentarios
Podría responderte en el Last, pero aquí tengo más espacio para explayarme.
El hecho de que estos queridos blogs nuestros vean correr los meses libres de comentarios podría resumirse en varias posibilidades:
a) Escribimos mal. Lo cual no me parece convincente, creo que nuestro nivel literario está al menos un poco por encima de la media de blogueros (lo cual no es decir gran cosa, ya que hoy en día quién no tiene un blog propio).
b) Escribimos cosas poco interesantes para un público amplio y desconocido. Desde luego, esto lo consideraría seriamente. Por un lado tendemos a convertir toda entrada en una abstracción autobiográfica, que aquéllos que ignoran nuestras personalidades es probable que no comprendan. Por otro, los blogs cuyos contenidos pertenecen al ámbito literario tienden a ser poco leídos en favor de los de información generalista, deportiva y, cómo no, todos los que enlazan álbumes de música en descarga directa.
c) Descuidamos uno de los aspectos más importantes del mk mix: la promoción. Mientras otros bloggers buscan cualquier oportunidad para spamear los foros y las otras bitácoras virtuales con entradas de su cosecha (que suelen tener una relación con el tema que comentan muy escasa o nula), nosotros nos quedamos escribiendo calladitos. Inicié hará cosa de medio mes un experimento sociológico que intenta determinar la importancia de la publicidad en las redes 2.0. A.k.a.: puse un link a mi blog en mi estado de tuenti. Contabilizando mis visitas, suele entrar alguien desde el tuenti cada día o cada dos días. Eso nos lleva a:
d) Ningún conocido más que nosotros tiene un blog de características similares. Lo cual es un problema, porque si fuéramos, pongamos, diez personas con proyectos afines, malo será que nadie de ellos tuviera al menos a un amigo bloguero externo al grupo comentando, y que acabaría descubriendo nuestros blogs antes o después, y comentaría e igual él tiene otro amigo que nos conocería y así hasta que todo el mundo nos leyera. ¿No existe acaso la teoría, que de momento no he encontrado errónea, de que todas las personas que habitan la Tierra estamos relacionadas entre nosotras, de forma inconsciente, por un máximo de diez conocidos (yo conozco a alguien que conoce a alguien que conoce a alguien que conoce a (…) hasta diez)?
En resumidas cuentas, que vamos a tener que obligar a nuestras amistades a que se creen un blog. Si yo, el hereje informático, lo he hecho, todos pueden hacerlo. ¿Acaso puede considerarse humano quien no tiene nada que contar?
Posdata a lo anterior: acabo de hacerle un lavado de cara a mi blog, borrando todo lo que me sobraba de las entradas antiguas (comentarios extratextuales sin venir a cuento) y añadiendo vídeos musicales a todas las entradas, y se ve mejor. Y me siento bien.
Algún día tú acabarás escribiendo para el ABCD y yo para Babelia, y cruzaremos pullas y comentarios satíricos en nuestros artículos semanales, como hicieron en tiempos Pérez-Reverte y Javier Marías. ¡Me pido Marías, que lo de insultar lo llevo bien, pero hacerlo cada semana me acabaría cansando!